Desarrollo
Materias primas: El espejismo del crecimiento

La historia del desarrollo económico boliviano está indiscutiblemente ligada a la explotación de los recursos naturales, erráticas políticas públicas, ausencia de institucionalidad y corrupción, que no permitieron que el país pueda desarrollar un sector industrial que genere valor agregado y pueda satisfacer el mercado interno y externo. Esta lógica fue recurrente en nuestro país ya sea con gobiernos de izquierda o derecha, neoliberales o no, continuamos arrastrando problemas estructurales que son difíciles de revertir.
Las variaciones positivas de los precios de las materias primas entre ellos minerales y petróleo han generado una cultura rentista en desmedro de la inversión en sectores productivos. Primero fue la plata, durante la época de la colonia, luego el estaño, en la década de los veinte, posteriormente el petróleo, en los setentas, y ahora el gas han generado un espejismo en el crecimiento de la economía boliviana.
Los altos ingresos por la exportación de materias primas han promovido incrementos en el gasto público, muchas veces justificado por la crítica situación social y los elevados niveles de pobreza; sin embargo, los indicadores de empleo e ingresos muestran que los precios favorables de las materias primas han promovido un crecimiento empobrecedor. Además, han generado una cultura de persecución de la renta de corto plazo, han ocasionado la enfermedad holandesa que perjudica la exportación de manufacturas y no favorece la inversión sino el consumo, finalmente, han perpetuado la dependencia a los precios externos, estableciendo una subordinación a su volatilidad. Estos hechos sugieren que las materias primas lejos de ser una bendición han representado una maldición para la economía.
Actualmente, ese espejismo no permite ver en perspectiva proyectos de largo plazo: aparte de la industrialización del gas, no se visibiliza otro proyecto importante. La explotación del hierro del Mutún, por ejemplo, ha presentado innumerables problemas entre la empresa inversora y el gobierno, llegándose a paralizar labores de explotación del mineral; por otro parte, la industrialización del litio requiere inversiones importantes en tecnología e infraestructura, que difícilmente lo podrá enfrentar individualmente la COMIBOL. Los acuerdos de largo alcance entre países o empresas son necesarios para generar valor agregado en la explotación de materias primas, especialmente aquellos que promueven actividades en investigación y formación técnica, y transferencia y apoyo tecnológico.
Nos hemos acostumbrado a vivir en la coyuntura y el corto plazo, lo que no nos permite comprender que la generación y creación de empleo a partir de la inversión, especialmente en sectores de la producción que junto al aumento de la productividad laboral se constituyen en los mecanismos principales mediante los cuales el crecimiento de la economía se traduce en reducción de la pobreza. Es más, el incremento salarial en términos reales a partir de aumento en la productividad es la manera directa de mejorar la calidad de vida de los hogares. ![]()
Iván Velásquez
Doctor en economía y Coordinador de Programa para Bolivia de la Fundación Konrad Adenauer (KAS)
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