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Crecimiento económico en Bolivia

Última Actualización Lunes, 09 de Julio de 2012. 23:53h.

Mientras la población de Bolivia mantenga las reducidas proporciones de ahora, los esfuerzos por lograr un crecimiento económico mayor podrán quedar frustrados simplemente por un tema de escala y no por falta de voluntad, creatividad, productividad o cualquiera de esos atributos que admiramos muchas veces en otros pueblos y erróneamente creemos que nosotros no los tenemos.

Un desafío importante es liquidar la sociedad estratificada que nos legó el colonialismo. En la sociedad boliviana persisten cuatro estratos que impiden una más amplia movilidad social: el de arriba, reservado a los extranjeros de tez blanca (europeos y norteamericanos principalmente); el siguiente, a los extranjeros de tez morena (sobre todo asiáticos), nacionales de tez blanca y nacionales mestizos; luego, el de los indígenas de tierras altas; en el más bajo, los indígenas de tierras bajas. Cada uno de estos estratos tiende a ser excluyente del otro con lo cual las oportunidades de intenso intercambio económico en el conjunto de la población boliviana se reducen.

Probablemente no veamos crecimiento económico en Bolivia en los próximos diez años. La razón no es que no vaya a existir sino que el período de tiempo es muy corto para medirlo adecuadamente. En cambio, si comparamos la Bolivia de los años 1900 (emergencia del movimiento indígena liderado por Zárate Willca), con la Bolivia de 1950 (vísperas de la Reforma Agraria de agosto de1953), con la Bolivia actual (emergencia de los movimientos sociales campesino indígena originarios) las diferencias en crecimiento económico son significativas. Claro, todo depende del cristal con que se mire.

De todos modos, Bolivia debe superar algunos desafíos para lograr mayor crecimiento económico. Uno de ellos es su reducida demografía. Difícilmente, un territorio de un millón de kilómetros cuadrados podrá ser ocupado económicamente por diez millones de personas. Nuestro vecino más próspero, Brasil, con un territorio ocho veces más grande que el nuestro, cuenta sin embargo con una población veinte veces mayor. Y Argentina, con un éxito económico menor, tiene sólo 2,6 veces nuestro territorio pero una población cuatro veces mayor. Mientras la población de Bolivia mantenga las reducidas proporciones de ahora, los esfuerzos por lograr un crecimiento económico mayor podrán quedar frustrados simplemente por un tema de escala y no por falta de voluntad, creatividad, productividad o cualquiera de esos atributos que admiramos muchas veces en otros pueblos y erróneamente creemos que nosotros no los tenemos.

Otro desafío importante es liquidar la sociedad estratificada que nos legó el colonialismo. Aunque nos cueste admitirlo, en la sociedad boliviana persisten cuatro estratos que impiden una más amplia movilidad social: el de arriba, reservado a los extranjeros de tez blanca (europeos y norteamericanos principalmente); el siguiente, a los extranjeros de tez morena (sobre todo asiáticos), nacionales de tez blanca y nacionales mestizos; luego, el de los indígenas de tierras altas; en el más bajo, los indígenas de tierras bajas. Cada uno de estos estratos tiende a ser excluyente del otro, con lo cual las oportunidades de intenso intercambio económico en el conjunto de la población boliviana se reducen y, lo que es más perjudicial, el consumo de productos se torna diferenciado. La persistencia de este esquema social obsoleto impide el desarrollo de un amplio mercado interno, que en los países que han buscado el crecimiento económico ha sido la base para lograrlo y mantenerlo.

Un tercer desafío es el aporte de capital. Como se sabe, la formación de capital se logra sacrificando una parte del consumo presente para dedicarla a producir más y asegurar así el consumo futuro. Generalmente, los países que no logran acumular suficiente capital echan mano del capital extranjero, cuando las tasas de interés les resultan convenientes. Lamentablemente, para Bolivia las tasas de interés del capital extranjero nunca fueron convenientes. A Bolivia siempre llegó capital especulativo. Y no es previsible que, en las próximas décadas, llegue capital a tasas convenientes. Por tanto, el aporte de capital tendrá que ser endógeno y, por tanto, probablemente en cantidad reducida o público, dependiendo de que se mantengan las condiciones que ahora permiten esta modalidad. Sin inversión de capital local y sin inversión de capital público, las expectativas de crecimiento económico serán modestas.

Estos tres desafíos, que no son fáciles de superar en poco tiempo, condicionan el crecimiento económico de Bolivia. Sin embargo, Bolivia cuenta con atributos que podrían permitirle mantener, en los próximos 50 años, el promedio de crecimiento económico que ha logrado en los últimos 6 años. Lo que Bolivia no debería hacer es intentar recorrer el camino que otros pueblos han recorrido sino crear su propia vía. A veces, reconocidos economistas proporcionan recetas simplistas que Bolivia nunca podrá poner en práctica. Se dice que industrializar es la solución sin considerar que la escala de población que tenemos no permite producción industrial significativa. Se dice que deberíamos abrir las puertas al capital extranjero, sin considerar que sólo el capital especulativo o saqueador se interesa por nosotros. Se dice que debemos abandonar la explotación de materias primas o de hidrocarburos porque nos contagiamos de la enfermedad holandesa, sin pararse a reflexionar que, bien administrados, los recursos obtenidos por nuestras materias primas e hidrocarburos son los que nos han permitido lograr el escaso desarrollo que tenemos.

Hay un amplio campo para el crecimiento económico. Véase, por ejemplo, el éxito de la quinua, a condición de que quienes operan en el mercado mundial estén dispuestos a hacer partícipes de las ganancias de la cadena a quienes la producen. Lo mismo ocurre con la madera: las comunidades indígenas, dueñas de los bosques, comienzan a recibir los beneficios de la exportación. El rubro de los alimentos es un rubro privilegiado del mercado interno y ése debe ser su principal destino, pero también es un rubro privilegiado del mercado exterior. El siglo XXI será el de la exportación de alimentos. En la medida que asegure que la tierra se mantenga en manos de los que la trabajan, Bolivia tiene un amplio futuro en este campo.

Si Bolivia sigue el camino que comenzó a recorrer allá por el año 2000, habrá que evaluar el crecimiento económico boliviano en el 2050. Seguramente los protagonistas serán los tataranietos de Zárate Willca, los biznietos de la Reforma Agraria, los nietos de los movimientos sociales contemporáneos.

Hugo Fernández Aráoz

Licenciado en Filosofía y especializado en Desarrollo Rural.

Ex Director General de CIPCA, Director Ejecutivo de UNITAS y Vice Canciller del Estado Plurinacional de Bolivia.

Formalmente jubilado.

Actualmente es miembro del directorio de varias instituciones.

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