Estos datos enuncian que 60.147 nuevas personas, hombres o mujeres, ya sea de manera individual o representando a un grupo de personas, tomaron la resolución de iniciar actividades empresariales de manera formal. Es una buena noticia que devela la actitud emprendedora de los bolivianos y bolivianas, superior a la de otros países en términos de proporción de población.
Sin embargo, estos emprendedores, de acuerdo con estadísticas comprobadas, tienen un desafío: mantener viva a la empresa durante los primeros cinco años de existencia. Si lo consiguieran, las nuevas organizaciones establecidas se proyectarán hacia un horizonte de vida trascendente, impulsando su crecimiento y expansión, generando nuevos empleos y aportando con fuerte valor a la economía del país. De lo contrario, las organizaciones serán consignadas en los registros de las defunciones súbitas o lentas de empresas fallidas, incrementando así el padrón de mortandad empresarial en Bolivia, que según reportes del BID, puede alcanzar al 90% en los primeros años.
Entonces, ¿cuál es el quid para evitar el paso prematuro a la condición de empresa naufragada? Si uno estudia varios ejemplos reales de empresas triunfantes, no sólo en Bolivia sino en el contexto internacional, mucho de su superación y logros alcanzados está vinculado al carácter del emprendedor, al perfil del visionario o líder de la empresa. María Hernández Sampelayo, en su libro “Educación del Carácter”, manifiesta que éste es una combinación de conocimiento, sentimiento y acción; que tiene que ver con la personalidad de la persona, en este caso con el estilo del emprendedor. Es decir: con los datos e información estratégica que posee o explora, con las actitudes pertinentes que pueda perfeccionar y los cometidos que sin demora deba realizar.
Consiguientemente, saber desempeñarse y actuar con solvencia, generando y sosteniendo buenas relaciones con los otros actores del mercado es parte del carácter del emprendedor. La perseverancia, la capacidad de fidelizar proveedores, vender óptimamente la imagen personal y empresarial son habilidades intangibles apreciables signadas en el carácter emprendedor, máxime si se es parte de un ambiente global y local que simultáneamente es cada vez más fatigante y competitivo.
También tiene que ver con la intimidad y el entorno interno de la empresa. El reconocimiento de los logros de los trabajadores, por más mínimos que sean; la promoción de un ambiente amigable y risueño entre todos; el establecimiento de bonificaciones, aunque simbólicas, para mejorar la productividad; son algunos de los aspectos que debe considerar el emprendedor para mantener viva la empresa.
Las diferentes experiencias de éxito de muchos emprendedores confirman que superar la barrera de los cinco años es un desafío cumplible. En su consecución será evidente el crecimiento de la empresa, de las ventas, las utilidades, el capital y el número de trabajadores. El filósofo Heráclito de Éfeso, en ese estilo de expresarse con aforismos, había afirmado a sus contemporáneos: “El carácter es el destino”. Una verdad que después de más de dos mil años puede aplicarse perfectamente a la realidad de los emprendedores de éxito.
Adhemar Poma
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