Editorial
De cara contra las impunidades



Tenemos medios que rehúyen a su responsabilidad de encarar estas violencias de manera crítica y abierta, que, con angurrienta complicidad publican hoy anuncios donde se comercia con mujeres.
Sobran las ambigüedades, cuando se informa como cualquier noticia aislada los asesinatos de mujeres en ámbitos privados y públicos, cuando nuestra obligación es de incidir con estrategia para enfrentar y erradicar el feminicidio en el país.
Es penoso decirlo, pero la publicación repetitiva de reseñas y de rostros de mujeres asesinadas, está contribuyendo a que el feminicidio se arraigue en la mente de la gente como costumbre o un mal irremediable, que obviamente favorece a la impunidad.
El País nos está gritando que debemos virar hacia la objetividad real, haciendo abogacía permanente a través de los lenguajes comunicacionales estratégicos e inclusivos que está en nuestras manos.
Los relatos periodísticos sobre feminicidios no pueden descansar únicamente en las fuentes institucionales o en lo que dice la gente. Los relatos que ayudan a la sociedad a tomar conciencia del problema de la violencia contra las mujeres, no pueden limitarse a la fase final, cuando la muerte acaba con sus vidas, sino, abordarla bajo otras dimensiones del relato que ayude a la sociedad a posicionarse ante este problema, con contenidos y temas que son infinitos, si es que lo asumimos con creatividad.
Debemos incidir en lo que el Estado está haciendo para enfrentar y erradicar la violencia contra las mujeres y de lo que no está haciendo, vale decir, a las denuncias sobre la legislación, fallos en el sistema judicial y los tribunales de violencia contra la mujer; o sea, llamar la atención sobre la impunidad, y otras situaciones. Pues, lo peor que está sucediendo ante los crímenes de mujeres es la impunidad de que gozan los agresores o criminales. La labor continua es insistir para que las víctimas puedan llegar a tener verdadero acceso a la justicia y que sus casos sean juzgados.
Seamos impulsores de un nuevo tipo de educación y coeducación en valores igualitarios, así como de un sistema de justicia con jueces/juezas y operadores jurídicos que tengan vocación y estén preparados para dar esta batalla contra la violencia machista.
La labor es hacer énfasis, reclamando al Estado, para que el feminicidio (asesinato de mujeres por su pareja, ex pareja, familiares, pretendientes, acosadores, explotadores sexuales) sea reconocido como delito en el Código Penal. Mantenerla invisible solo naturaliza la impunidad de la violencia que viven miles de mujeres bolivianas, sometidas a discriminación y subordinación en sus relaciones familiares y de pareja.
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