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Violencia Policial contra las trabajadoras sexuales en Bolivia

Última Actualización Martes, 24 de Abril de 2012. 16:52h.

Por la experiencia de investigación y lucha social por la igualdad de género, se ha comprobado que las prostitutas son las grandes víctimas del negocio y por ende merecen protección jurídica frente a esta industria capitalista que genera grandes ganancias para los criminales proxenetas del mundo de explotación globalizada.

La Red Nacional de Personas Viviendo con VIH y sida (REDBOL), gracias al apoyo financiero de ONUSIDA (Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH y sida, oficinas para Bolivia y Perú), ejecutó el proyecto: Mujeres, Violencias y VIH. Participación, Investigación e Incidencia Política (PIIP), durante la segunda mitad de 2011. Se realizaron entrevistas individuales, grupales y mapas corporales elaborados por Trabajadoras Sexuales (TS), Mujeres Viviendo con VIH y sida (MVVS) y Mujeres Trans, en las tres ciudades de mayor notificación de casos de VIH en Bolivia: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. En este artículo, analizaré la violencia ejercida contra las TS por parte de la policía y el impacto en la prevención del VIH.

Solamente el 3% de las TS encuestadas (n=189) declara no haber experimentado ningún tipo de violencia. Las TS identificaron a la policía como la institución más violenta en contra de ellas: 45%; seguida de la pareja (37%), otros familiares (36%) y las mismas mujeres (36%). Cuando se preguntó acerca de la persona más violenta contra ellas, nuevamente, la policía obtuvo los puntajes más altos: 43%; seguida de las pandillas (35%), los dueños/as de casa (35%), los vecindarios (31%) y los jueces (31%). Respecto a las personas y/o instituciones que más apoyaron a las TS en situaciones de violencia, la policía obtuvo los porcentajes más bajos: 5%, seguida de la pareja (18%), las amigas (31%), la familia (32%) y organizaciones de la sociedad civil (34%).

Los siguientes testimonios evidencian que la violencia de la policía se ejerce en coordinación con los clientes y dueños/as de locales, cafisos y garzones. Por lo general, queda impune y conlleva la posibilidad de ser extorsionada. Asimismo, se percibe el argumento de que estas mujeres, por ser “putas”, “perras”, no merecen la ayuda de la policía, inclusive se usa a la prensa para amenazar a las TS. La demanda de favores sexuales a cambio de la libertad es común:

“La policía sólo nos saca plata (…) En Oruro los locales son “tierra de nadie”, los policías no hacen nada, aquí también. Nadie hizo nada, mas bien, las mujeres tienen que pagar. No lo atacan al cliente sino a uno, a la mujer (…) Los mismos garzones nos explotan; una chica me dijo que un hombre le violó, llamó al guardia y él le pegó a ella, he visto que los guardias no son seguros, el guardia no es seguro, antes nos defendían. La policía vino, nos sacó a rastras a las mujeres; luego vinieron los policías con cámara, ese hombre que acusó había sido policía, se hizo baño en la pieza. Hemos ido a la defensoría, como el comandante nos dijo: “traigan el listado de quienes han venido al local”. Los guardias han optado por no meterse (…) La brigada no nos ayuda: “Tú ¿qué haces, trabajas de puta, no puedes buscarte otro trabajo?”, eso nos dicen. En el Chapare [dicen]: “¿qué basura haces tú?, te has buscado eso, aguántate”, le dijo a una mujer el policía. Hay que pagar por lo menos 500 Bs. para salir y hay que oír todo lo que dicen los policías. Las chicas son violadas por policías, luego de haber sido violadas por clientes (…) Vienen a revisar todo, venían con cámara a revisar los cuartos. Si el cliente denuncia, hay tropa de policías; si nosotras denunciamos, a nosotras nos arrestan, pago con mi cuerpo para salir. “Estas perras, estas putas”, así nos dicen los policías”

Entrevista grupal TS, Cochabamba 05/10/2011.

Diario de Campo Nro.33

“…la policía…nunca nos van a tomar en cuenta: “yo odio a las putas”, me decía el policía. Un policía era, pero vino de civil, me arrojó cerveza a la cara. Yo le dije: “y entonces ¿qué haces aquí?”. “¿Sabes qué? puta” me dijo, “voy a llamar a la prensa para que te enfoquen”. “Llama” le dije, me vas a hacer propaganda”. Yo llamé a la policía, no me quisieron atender porque dijeron que mi caso no les pertenecía, es difícil denunciar a un policía ¿dónde?, si nos matan, un policía queda impune. Una vez vinieron dos policías uniformados y tomaron, se rayaron [enloquecieron], dijeron: “vamos a matar putas”. No hay quién les ponga atajo a ellos, ellos son la ley, se hacen de la vista gorda… Desearía que haya una ley que nos proteja a las trabajadoras sexuales, porque hay mucha explotación de policía, de locales, de otras instituciones, prefieren a los delincuentes”

Entrevista en profundidad a Patricia, TS de 42 años.

Diario de Campo Nro. 33

¿De dónde viene el abuso de autoridad de policías contra las TS? ¿Por qué la mujer que ejerce el trabajo sexual es vista como alguien que merece la violencia, el castigo y la retirada del apoyo?

Respecto a la desvalorización del ser mujer a través de la categoría “puta”, Lagarde (1997:559,560)1 señala que ésta surge del patriarcado que por un lado, condena y sataniza el erotismo de la mujer; pero por otro, usa este término para referirse a cualquier mujer que pone en evidencia el deseo erótico:

“Puta es un concepto que designa a las mujeres definidas por el erotismo, en una cultura que lo ha construido como tabú para ellas. El interdicto confiere la carga negativa y la desvalorización con que se aprecia a las putas, que en el extremo llega a ser sobrevaloración. La prohibición del erotismo a las mujeres buenas2 crea la codicia de los hombres y la envidia de las mujeres, en torno a las mujeres que lo encarnan.

Ideológicamente se identifica puta con prostituta, pero putas son además las amantes, las queridas, las edecanes, las modelos, las artistas, las vedettes, las exóticas, las encueratrices, las misses, las madres solas o madres solteras, las fracasadas, las que metieron la pata, se fueron con el novio, y salieron con su domingo siete, las malcasadas, las divorciadas, las mujeres seductoras, las que andan con casados, las que son segundo frente, detalle, o movida, las robamaridos, las que se acuestan con cualquiera, las ligeras de cascos, las mundanas, las coquetas, las relajientas, las pintadas, las rogonas, las ligadoras, las fáciles, las ofrecidas, las insinuadas, las calientes, las cogelonas, las insaciables, la chingada y la puta madre, y desde luego, todas las mujeres son putas por el hecho de evidenciar deseo erótico (…)

Una de las formas de dominio y agresión más importantes que pueden realizar los hombres a las mujeres consiste en considerarlas y convertirlas en putas: lo logran apropiándose eróticamente de ellas, en el entendido del consentimiento por parte de ellas (…) Pero la agresión surge al evidenciar el protagonismo y la voluntad de la mujer en el hecho erótico, lo que automáticamente la convierte en puta”

Analizando los testimonios, vemos que las TS representan a la mujer que se ha desviado de la norma de “mujer buena”, tiene una sexualidad liberada y además cobra por esa libertad erótica. En asociación al VIH y sida, la TS representa, el cuerpo de la mujer que infecta y contamina al hombre. La realidad es que las TS registradas, deben realizarse la prueba del VIH obligatoriamente cada seis meses, en caso de un resultado positivo, el carnet de sanidad será arrebatado. Es posible que la mención que muchos hombres hacen de “haber estado con una mujer de la calle”, solamente sea una excusa debida a la falta de responsabilidad por su sexualidad y comportamientos de riesgo, cuando deben explicar las razones de haber adquirido el VIH o alguna infección de transmisión sexual.

Es hora de que la policía cumpla su función, respete y proteja a todas las mujeres, inclusive a aquellas que ellos califican como “mujeres no dignas”. Las TS son mujeres y ciudadanas con derechos humanos reconocidos en la Constitución Política del Estado. Se requiere de una verdadera prevención del VIH dirigida a las TS, incluyendo la protección de todos sus derechos.

Gracia Violeta Ross3

graciavioleta@gmail.com

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