Verde y Oscuro
Pagos por Servicios Ambientales



El pago por servicios ambientales (PSA) es una maravillosa teoría de. Sin embargo, experiencias alrededor del mundo sugieren que los PSA pueden ser una estrategia inadecuada en muchos países, y que pueden conducir a los practicantes a una serie de conceptos financieros y teóricos sin aplicabilidad.
Los PSA - al igual que todas las herramientas basadas en incentivos para la conservación - parten del principio general de que quien se beneficia de un servicio ambiental, deben contribuir a proteger el medio ambiente de donde este proviene. Los teóricos de los PSA, sin embargo, hacen la afirmación (i)lógica de que con el fin de garantizar esa protección, los usuarios deben cuantificar el valor de los servicios prestados y el costo de su provisión.
El argumentocontinúa; con el fin de pagar por un servicio uno debe conocer exactamente lo que se está prestando. Por ejemplo, cuando mi coche está siendo reparado, yo puedo ver como se cambian los 3 litros de aceitey se sustituyen las 8 pastillas de freno viejas por unas nuevas, y una vez que he comprobado que el servicio se ha llevado a cabo, pago por el mismo.
Pero, ¿cuántos litros menos de agua vendrán luego de que una hectárea de bosque es deforestado en la cuenca alta?.
A pesar de las afirmaciones de que “la cuantificación” es indispensable para los PSA, tal precisión es generalmente imposible (tal vez con la excepción del carbono), es siempre costosa, y en la mayoría de los casos, irrelevante e inadecuada para los contextos locales y la política.
A diferencia de cuando tengo que pagar para el servicio de mi auto, no tengo toda la información / conocimientos científicos disponibles para calcular la probabilidad y el costo de un accidente automovilístico durante el año. Así que en lugar de comprar un servicio, puedo proteger a mi auto con un seguro, por si algo malo pasa. Una vez que pago mi prima, no necesariamente debo realizar pruebas para evaluar la probabilidad de que el hijo adolescente de mi vecino se choque contra mi auto; no debo necesariamente modelar (con datos deficientes), la probabilidad de que el cambio climático incida en la caída de más árboles sobre mi calle, y no necesariamente debo calcular con precisión el costo de que me roben la radio, todo con el fin de calcular cuánto estoy dispuesto a pagar por el “servicio” de tener mi auto protegido contra este tipo de eventualidades.
Simplemente pago mi prima de seguro, y estoy listo para salir. Y si nada malo ocurre - ejemplo que no requiera del seguro - Soy un hombre feliz.
En Bolivia, una versión de trabajo basado en incentivos para la conservación funciona de una manera similar. Los Acuerdos Recíprocos por el Agua (ARA) - iniciados como prueba piloto en Bolivia y replicados en Colombia, Ecuador y Perú - no necesitan estudios intensivos o análisis. Más bien, utilizan el principio de precaución para que los usuarios de agua locales creen una institucionalidad que ayude a los propietarios de tierras en la cuenca alta a beneficiarse de proyectos de desarrollo alternativos, tales como la producción de miel, a cambio de un compromiso formal para proteger la cuenca.
De esa manera, los usuarios de aguas, voluntariamente deciden realizar un aporte en sus facturas por el servicio de agua hasta en un 15%, con el fin de asegurar - a través de la protección del bosque en la cuenca alta - que el flujo de agua se mantenga, aún en la temporada seca. Basado en más de 20 esquemas ARA exitosos, parece que los PSA no son el mejor tipo de incentivo para la conservación de los Andes.
Por lo tanto, podría ser una buena idea para los donantes el reducir sus costosas inversiones en estudios de PSA, investigaciones y diagnósticos, e invertir más fondos en la creación de programas de seguros de pequeña escala, tales como los ARA, que pueden alcanzar la conservación y el desarrollo de una manera rápida y barata.
Diferencias entre los Pagos por Servicios Ambientales (PSA) y los Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA).
Nigel Asquith
nigelasquith@naturabolivia.org
Payments for Environmental Services
It is a theoretical Marvel, which is conceptually wrong, with insufficient data, is very expensive and inadequate in much of the world in developing.
Payments for environmental services (PES) is a theoretical marvel. Experiences from around the world, however, suggest that PES can be an inappropriate strategy in many countries, and can lead practitioners into a series of intellectual and financial dead-ends.
PES—as do all Incentive-based conservation tools—starts from the broad principle that whoever is benefitting from an environmental service should contribute to protecting the environment from where it comes. PES theoreticians, however, then make the (il)logical leap of asserting that in order to ensure such protection, users must quantify the value of the services being provided and the cost of providing them.
In order to pay for a service, the argument goes, one must know exactly what is being provided. For example, when my car is being serviced, I can watch as three liters of oil are changed and eight brake pads are replaced. Once I have verified that the service has been undertaken, I pay.
But how many fewer liters of water would come after one hectare of a watershed is deforested?
Despite the assertions that “quantification” is indispensable for PES, such precision is usually impossible (with perhaps the exception of carbon), invariably expensive, and, in most cases, irrelevant and unsuited to local contexts and politics.
Unlike when I pay to service my car, I do not have all the information/science available to calculate the probability and cost of a car accident this year. So instead of buying a service, I protect my car with insurance, just in case something bad happens. Once I pay my premium, I don’t need to run tests to assess the probability that my neighbor’s teenage son will drunkenly front end my car, I don’t need to model (with really bad data) the probability of climate change inducing more trees to fall on my street, and I don’t need to calculate with precision the cost of having my radio stolen all in order to calculate how much I am willing to pay for the “service” of having my car protected against such events.
I just pay an insurance premium, and I am good to go. And if nothing bad happens—i.e. have no need of the insurance—I am a happy guy.
In Bolivia, a common version of incentive-based conservation works along similar lines. Andean Reciprocal Agreements for water (ARA)—piloted in Bolivia and now spread to Colombia, Ecuador and Peru—do not need intensive studies or analysis. Rather they use the precautionary principle to allow local water users to set up institutions that help upstream landowners benefit from alternative development projects, such as honey production, in return for a formal commitment to protect the watershed.
Downstream waters users have volunteered to increase their water bills by up to 15%, in order to protect against —through forest protection—decreases in dry season stream flow. Based on more than 20 successful ARAs, it appears that PES may not be the best sort of incentive-based conservation in the Andes. It might therefore be a good idea for donors to reduce their expensive investments in PES studies, investigations and diagnostics, and invest more of their funds in setting up small-scale insurance programs, such as ARA, that can quickly and cheaply achieve conservation and development.
Nigel Asquith
nigelasquith@naturabolivia.org
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